Fue el día más emocionante de mi vida, lo esperaba desde hace un año, y fue perfecto. Comenzó como cualquier otro día, una lámpara gigante iluminaba la ciudad y como siempre la rutina se apoderaba de mi. Tanto así que no pensé en salir de ella por un rato, hasta que al apagarse la luz recibí una llamada.
Me decían que íbamos a un lugar lleno de gente donde proyectaban audiovisuales. Acepte sin pensarlo. Llegamos al dichoso lugar, los minutos pasanban cada vez más lentos, lentos eran también los repartidores de lentes. Finalmente entré a la gran sala y vimos la proyección que tanto había esperado. Tuve una suerte, como cuando un jugador gana una mano en poker, al no tener a los lados ruidos que me interrumpiera mi concentración en lo que veía y por haber quedado en la cima de aquel lugar. No pudo ser más perfecto.
Aquella proyección fue mucho más de lo que esperaba. Me enamoré. Lloré. Reí. Estaba literalmente en las nubes, rodeada de globos de colores. En ese momento pensé, sení y me propuse, llegar a ser la creadora de una producción así.